RESERVA NATURAL URBANA MORENITO/EZQUERRA
En los últimos tiempos, un representante del Colegio de Arquitectos se ha convertido en el adalid de los inversores, en defensa de sus propios intereses profesionales, y de algunos de sus pares, ya que no todos comparten su ideología destructiva.
Ahora la emprende contra la Reserva Natural votada casi por unanimidad en el Concejo.
La suspensión de permisos y de tramitación de proyectos no significa prohibición, sino dar un tiempo lógico para la definición de qué es lo que se puede y no se puede hacer con el fin de preservar un ambiente natural delicado y en riesgo.
Compartimos las apreciaciones del Concejal Martín, ya que sabemos todos, y sin duda el mismo arquitecto Lerchundi, que esas grandes obras involucran mano de obra traída de otros lugares, con compra de materiales en otros centros comerciales, y esto está demostrado por construcciones que se han realizado con obreros “importados” al efecto. Además su compromiso debería ser con los bienes del estado, de los cuales nos van despojando como en el caso del ex Hotel de Osplad, cuyo fin era, por ley , para uso social, y hubo funcionarios que permitieron una maniobra teñida de sospechas.
También proyecta reformar el Código de Edificación, supuestamente para “agilizar trámites”, pero en realidad tratando de desvirtuar normativas municipales. Todo envuelto en una pretensión de “dictadura tecnocrática”, en la cual el que no tiene el título no puede opinar. Y hasta se permite faltar el respeto a quienes lo tienen pero cometen el pecado de pensar distinto y pretenden que se cumplan las normativas.
Sería muy conveniente que se detenga a pensar que defender sus intereses personales puede ser muy bueno para su futuro económico, pero lo que estaría haciendo es modificar irreparablemente el lugar donde muchas otras personas están viviendo, y que también tienen derechos. Estos derechos, por ejemplo, son proponer Reservas Urbanas para conservar los pocos lugares que van quedando para disfrute tanto de nuestra comunidad como de los turistas, porque acá no solamente trabajan los arquitectos, esta ciudad vive - hasta el momento - del turismo. Y sería bueno que escuche a los turistas, cuando expresan su desazón ante el deterioro de la imagen de la belleza natural que conocieron en otros tiempos y que de a poco, gracias al cemento, a la deforestación, y a la contaminación, va desapareciendo.
Es necesario, por otra parte, aclarar una falacia repetida. El ejido municipal en gran parte ya está loteado, no es cierto que dejar de hacer un hotel faraónico vaya a representar miles de lotes más. El Plan de Desarrollo establecerá qué se puede subdividir, en qué medida, y cuál puede ser el factor de ocupación. Lo loteado y vendido es producto de la falta de planificación hasta la fecha. Lamentablemente no se tuvo en cuenta lo propuesto en el Código del 95 en el sentido de recuperar tierra para ampliar la reserva verde, código que por otra parte existe cuando les conviene y no está vigente cuando no les conviene.
Por otro lado, el hecho que existan loteos no significa que cualquiera pueda hacer lo que quiera, ya que si bien es justo defender la propiedad privada también lo es defender y proteger el bien público. Le recomendamos al arquitecto interiorizarse sobre la nueva legislación existente a partir de la reforma de nuestra Constitución Nacional y, puntualmente, a partir del año 2002, cuando se sancionó la ley general de ambiente y posteriormente la ley de Bosques, ambas de rango constitucional.
Creemos que Bariloche y las futuras generaciones bien merecen que se las cumpla.
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