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Lucas Muñoz: dos años después, la causa está en el punto de partida

El sorprendente mensaje aceleró las pulsaciones de Javier. Durante varias semanas había buscado a su hermano, Lucas Muñoz, por numerosos rincones de Bariloche y los alrededores sin encontrar ningún indicio. Era como si se hubiese evaporado. El aviso indicaba dónde iba a aparecer el cuerpo del oficial ayudante de la Policía de Río Negro y algunos nombres de policías. Lo enviaron el 8 de agosto de 2016 desde una cuenta de Facebook a nombre del usuario “Pancho Delgado”.

Dos días después, policías del COER de Villa Regina hallaron en un rastrillaje el cuerpo de Lucas Muñoz en un descampado que se levanta sobre un terreno escarpado y de abundante vegetación. Había sido ejecutado de un tiro en la nuca. Allí, comenzó la investigación de unos de los crímenes que generó una profunda crisis en la estructura de la Policía de la provincia y un impacto político en el núcleo del gobierno provincial.

El gobernador Alberto Weretilneck se encontraba en Bariloche, con su ministro de Seguridad, Gastón Pérez Estevan, el 10 de agosto de 2016. Weretilneck había expresado esa mañana a la prensa su preocupación por el caso y había reiterado sus sospechas hacia la hipótesis de una interna policial como telón de fondo en la desaparición de Muñoz.

Horas después, cuando hallaron el cadáver de Muñoz , el gobernador optó por irse de Bariloche. Nunca explicó en detalle por qué eligió marcharse.

Dos años después, el homicidio de Muñoz sigue siendo un misterio. La autopsia estableció que la muerte ocurrió entre 48 y 24 horas antes del hallazgo del cadáver y por el tiro en la nuca.

El cuerpo estaba aseado y su rostro, hasta afeitado. Tenía puesto el uniforme, limpio, su documentación, el celular y el arma reglamentaria estaban a corta distancia del cuerpo con 8 ó 9 cartuchos en el cargador. Tenía además una herida de arma de fuego en la pantorrilla derecha. Sin embargo, los investigadores no hallaron ningún perfil genético de otra persona a pesar de numerosas peritaciones que se hicieron. “El cuerpo estaba limpio”, describieron las fuentes que conocen la investigación, a cargo del fiscal Martín Govetto.

Aún no se pudo identificar al autor o los autores del homicidio. Tampoco hay pruebas para saber dónde pudo haber estado oculto o cautivo. Y se desconoce el motivo del crimen,

Una de las pocas líneas de investigación que sigue en pie apunta a la interna policial que había en ese momento y que salpicaba al Ejecutivo provincial. También siguen buscando indicios que permitan determinar si existió una negociación con el poder político durante el cautiverio de Muñoz.

El jefe de la Policía provincial era el abogado Mario Altuna, que conocía los pliegues de la enorme estructura policial porque había sido abogado de la fuerza. Asumió en abril de 2016 con el objetivo de depurar aquellos nichos donde había fuertes sospechas de corrupción. Desplazó jefes policiales en Viedma y fuentes que conocen el caso señalaron que tenía la lupa puesta sobre Bariloche.

En una entrevista con “Río Negro”, Altuna aseguró en agosto de 2016 que había formalizado auditorías contables en el ámbito de la Regional Primera de Viedma y de la Regional Tercera de Bariloche. En ese contexto explotó el caso Muñoz.

Altuna murió la semana pasada y nunca se refirió al caso Muñoz ni ante la prensa ni aportó información clave en la Justicia.

El crimen de Muñoz sigue sin esclarecerse y la sensación es que la investigación está casi en el mismo punto de partida. El pacto de silencio nunca se erosionó.

La abogada por la querella Karina Chueri admitió que la esperanza está puesta en que alguien se quiebre y revele lo que ocurrió con Muñoz.

“Diría que 26 días de una investigación mal llevada hace que tengamos que estar buscando fuera de la provincia policía especializada que nos pueda emprolijar la investigación”, sostuvo la abogada querellante.

“Y sí creo que un factor determinante sería que alguien no soporte más la culpa de saber lo que pasó y no contarlo”, admitió.

“Tenemos que encontrar esta negociación que si bien no podemos afirmarlo fehacientemente, tanto desde la fiscalía como de la querella, sabemos que existió esa negociación y que el gobierno no ha sido ajeno de esto”, afirmó Chueri.

“Hoy de Lucas no se habla en las comisarías de Bariloche”, sostuvo la abogada. Dijo que es como un tema vedado.

Las expectativas están depositadas en las peritaciones que la Policía Judicial de Córdoba hacen por estos días. También en el laboratorio de genética forense de esa provincia.

Govetto viajó a Córdoba con gran parte de las pruebas para tratar de que los especialistas cordobeses encuentren la llave que permita abrir el cerrojo.

Hasta ahora no hay evidencia que permita sostener si Muñoz fue secuestrado durante 26 días o estuvo oculto de manera voluntaria. Una pista es la mochila que portaba cuando salió de su domicilio alrededor del mediodía del 14 de julio de 2016, cuando se dirigía a trabajar a la comisaría 42 del barrio 2 de Abril. Nunca llegó. Y la mochila nunca apareció y no se sabe qué había en su interior.

Muñoz descendió del colectivo en la avenida Juan Marcos Herman, en el barrio El Frutillar, antes de la parada correspondiente en el barrio 2 de Abril. Mientras el chofer declaró que Muñoz pasó delante del colectivo, cruzó la avenida y se internó en el barrio Cooperativa 258. Dos agentes policiales recién egresados que realizaban tareas de prevención por la avenida declararon que lo saludaron cuando caminaba por la avenida. Uno de los agentes dijo que después lo vio charlando con el conductor de un auto gris. La querella está convencida de que Muñoz subió voluntariamente al vehículo.


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