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Bariloche, viernes 30, enero 2026
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Bariloche, una ciudad pionera en el tratamiento de líquidos y lodos cloacales

 Desde 1998, en Bariloche se lleva a cabo el tratamiento de los líquidos cloacales de la ciudad, que antes llegaban directamente al lago sin tratar, a través de una planta depuradora de lodos activados que fue una de las primeras del país y significó un gran avance ambiental, pero generó un nuevo residuo, los lodos o barros cloacales, también llamados biosólidos.

Para tratar estos lodos se construyó una planta de compostaje, pionera en el país, que permite transformarlos en un producto de alto valor como mejorador de suelos y reducir la carga de residuos en el relleno sanitario de Bariloche.

“Es un orgullo para nosotros que esto exista desde el año 1998. Sin embargo, la mayor parte de la población no lo conoce”, aseguró a ANB, María Julia Mazzarino, ingeniera agrónoma especialista en suelos y que con su grupo de investigación de CONICET y la Universidad del Comahue participaron en la creación de la planta de compostaje que se anexó a la planta depuradora, ambas construidas por la Cooperativa de Electricidad Bariloche (CEB) con el apoyo de la provincia rionegrina.

“Si bien los líquidos cloacales se colectaban no se les realizaba ningún tratamiento hasta que se empezó a hablar de que algo había que hacer para transformar lo que estaba sucediendo en los espejos de agua que rodean la ciudad y que son de atracción y uso constante para los barilochenses y turistas que visitan la ciudad”, detalló Mazzarino.

Tal es así que desde provincia y el municipio se decidió que era necesaria una planta depuradora para llevar adelante esta tarea, y la Cooperativa de Electricidad Bariloche se hizo cargo. “Cuando la CEB comenzó a construir la planta se acercó a la Universidad del Comahue debido a que nosotros teníamos un proyecto con la Unión Europea para estudiar los residuos de las pisciculturas, en el cual trabajaban colegas españoles con mucha experiencia en aprovechamiento de residuos orgánicos, especialmente lodos cloacales, así que contábamos con buena información para asesorar sobre el tema”, relató.

Y agregó, “en ese momento, una de las integrantes del grupo, la ingeniera Francis Laos, que estaba pensando en iniciar una tesis doctoral, decidió incorporar el tema a su investigación. Así se llevó adelante su doctorado y, en base a esa experiencia, se construyó la planta de compostaje de lodos cloacales de Bariloche”.

¿Cómo funcionan la planta depuradora y la de compostaje?

En primera instancia, la planta depuradora recibe líquidos cloacales, que consisten en una mezcla diluida de materia fecal y desagües del lavarropas, el agua del baño y la cocina. El material orgánico es tratado de manera biológica en un reactor o tanque de aireación donde el líquido se mueve y se le inyecta aire, lo que estimula la acción de microorganismos aeróbicos, que atacan esa materia orgánica para obtener energía.

“Al igual que nosotros, necesitan hidratos de carbono y oxígeno para vivir”, remarcó la investigadora. “Una vez que tienen los alimentos en el organismo, como en nuestro caso, una parte se incorpora en el cuerpo y la otra se desecha porque no la necesitan”.

Estos microorganismos que atacan la materia orgánica, respiran y liberan dióxido de carbono al aire, igual que nosotros, de manera que reducen la carga de carbono, que es el principal componente de la materia orgánica, y retienen en sus cuerpos los nutrientes que necesitan, especialmente nitrógeno y fósforo.

Cuando no hay plantas depuradoras, la materia orgánica pasa directamente al cuerpo receptor, en nuestro caso el lago, y allí estimula el crecimiento de microorganismos porque aporta carbono, pero además nitrógeno y fósforo. Estos dos nutrientes son los dos fertilizantes más usados en el país y, si bien nosotros los aplicamos a los suelos para que crezcan más las plantas, en un lago resultan peligrosísimos porque contaminan: estimulan el crecimiento de algas y la eutrofización.

A medida que los microorganismos de la planta depuradora van creciendo, arman unas colonias que envejecen y mueren y se van al fondo del reactor, mientras que aparecen otros que siguen trabajando.

Luego de un tiempo de ser tratado en el reactor, el material pasa a unos sedimentadores y ahí se terminan de separar todas esas colonias de microorganismos muertos, que se van al fondo, mientras el líquido que queda arriba es lo que va a ir al lago. “Siempre un poco de nitrógeno y fósforo va a ir porque es imposible poder limpiarlo todo, el objetivo es estar por debajo de los límites que establecen los organismos de control, como el DPA”, aseguró Mazzarino.

Cabe recordar que la planta depuradora no es una planta potabilizadora, que es una planta que potabiliza agua para nosotros. En cambio, la depuradora lo que hace es reducir materia orgánica, nitrógeno y fósforo para minimizar la contaminación de los cuerpos receptores como ríos, arroyos y lagos.

“Las plantas depuradoras son una maravilla porque redujeron enormemente la contaminación de lagos y ríos, pero generaron este nuevo residuo, los lodos, que tienen un gran potencial como fertilizante por su contenido en nitrógeno, fósforo y otros nutrientes”, relató la investigadora. Y agregó: “Si bien los microorganismos patógenos que puede contener la materia fecal se reducen marcadamente durante el tratamiento en la planta depuradora, siempre queda una carga en los lodos que debe reducirse aún más para poder utilizarlos”

De la planta depuradora, los lodos son trasladados a la planta de compostaje, que se encuentra a 13 km, en las cercanías del Cañadón de los Loros. Dado que como indica su nombre los lodos son muy líquidos, sólo tienen 15-17% de material sólido, necesitan ser mezclados con un material seco y de partículas más grandes que sirva de estructurante, como son la viruta que se recolecta en los aserraderos y la poda chipeada.

Esta mezcla permite armar pilas o hileras que aseguran la existencia de poros con aire, porque al igual que los microorganismos que actúan en la planta depuradora, los que intervienen de manera más eficiente en el compostaje necesitan oxígeno. Por otro lado, también colabora a valorizar los residuos de aserraderos y de poda.

Durante el proceso de compostaje las pilas son volteadas con maquinaria para asegurar aerobiosis. Al principio, los microorganismos comen los compuestos más rápidamente degradables que son los más peligrosos, más putrescibles, y liberan calor, lo que se conoce como etapa termofílica; de acuerdo a la normativa durante esta etapa la temperatura debe subir por encima de 55ºC para asegurar la reducción de patógenos.

A continuación, la temperatura baja a temperatura ambiente, porque ya no hay suficiente comida fácilmente atacable para los microorganismos, pero siguen transformando a la mezcla en materia orgánica estable y sin compuestos que afecten a las plantas; este periodo es más largo y se conoce como etapa de maduración. El producto final es el compost, que tiene un gran valor como mejorador de suelos, y también aporta nutrientes para las plantas (valor fertilizante).

A este compost se lo puede utilizar para jardinería y paisajismo, en plantaciones forestales, en viveros para producción de plantines ornamentales y forestales, en recuperación de suelos afectados por disturbios. “Ha sido utilizado por las empresas constructoras de caminos para recuperar banquinas, por institutos forestales para producir plantines de ciprés para reforestar, en la producción de césped y jardines de empresas e instituciones. También hemos mostrado que se puede usar para remediar suelos contaminados por petróleo en convenio con YPF y para recuperar suelos afectados por incendios” informó la investigadora.

Pero, siempre hay un pero

“La planta de compostaje es algo de lo que deberíamos estar orgullosos en Bariloche porque hace casi 25 años que funciona”, remarcó Mazzarino. Sin embargo, y a pesar de que en Argentina existe una norma aprobada por el Ministerio de Medio Ambiente de Nación (y otra del IRAM) para los usos que se acaban de mencionar, la misma no es reconocida por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), lo que dificulta su transporte y utilización.

En Bariloche, investigadores del CONICET y de las universidades del Comahue y de Río Negro miden la temperatura de las pilas durante la etapa termofílica, determinan el contenido de nutrientes y contaminantes, como metales pesados, y antes de venderlo analizan patógenos para asegurar la calidad del producto.

Durante 25 años también han instalado experimentos a largo plazo con estos compost en zonas áridas y húmedas de la región afectadas por disturbios antrópicos y naturales, demostrando su alto valor como enmiendas y fertilizantes.

Como remarca la investigadora “aproximadamente 70% de las tierras del país corresponden a zonas áridas y semiáridas con alto riesgo de desertificación, donde el valor de la materia orgánica es enorme, porque es esencial para mantener y mejorar la fertilidad de los suelos”. (ANB)


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