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Bariloche, una ciudad poco accesible para personas con discapacidad
La inexistencia de veredas en muchos lugares de la ciudad, veredas destruidas donde sí las hay, escaleras que conectan diferentes espacios o calles, estructuras construidas en cualquier parte de la vereda, frentistas que no respetan la cantidad de metros que deben dejar libres para que los transeúntes puedan pasar y bares y restaurantes que tienen mesas afuera ocupando un espacio que no deben, el transporte público sin adaptaciones, hacen que Bariloche sea una ciudad poco accesible para personas que sufren alguna discapacidad.
Los últimos años, Bariloche creció en población a pasos agigantados, sin embargo, no sucedió lo mismo en relación a su infraestructura lo que resulta un caos a la hora de permanecer en la calle. “Las condiciones en las que hoy se encuentra Bariloche, es inaccesible para todos. A la hora de andar en la calle, sabemos que hacen falta más rampas en todos los rincones. Sumado a eso, la gente no nos respeta ni nos brinda la asistencia necesaria en caso de necesitarla”, afirmó a ANB, Ezequiel Pulgar, integrante de Cre-Arte y quien posee una disminución visual.
Al haber cada vez más autos que circulan en la ciudad y, al no tener lugares para estacionar, “muchas veces nos encontramos con vehículos que estacionan en las rampas sin pensar en aquellas personas que necesitamos utilizarlas”, aseguró Ezequiel.
Otras de las dificultades con las que se encuentran quienes tienen alguna discapacidad y necesitan movilizarse de un lado a otro es la falta de asfalto en algunos barrios de la ciudad y la inexistencia de semáforos sonoros. “Esto resulta muy peligroso para nuestras vidas”.
“Nos tratan como extraterrestres y somos personas con discapacidad que también formamos parte de esta sociedad”, aseguró a ANB, Carla, quien posee una discapacidad motriz y usa un bastón para movilizarse de un lado a otro, pero eso no hace que ella elija quedarse en casa.
Es así que semanas atrás, Carla quiso ir a disfrutar del teleférico del cerro Otto y se encontró con que no hay accesibilidad para que las personas que sufren algún tipo de discapacidad puedan disfrutar del espacio. “Es un reclamo que venimos haciendo hace años y nunca se acuerdan de nosotros”.
“Tampoco los lagos son accesibles para quienes tenemos una discapacidad. Hace años que vengo hablando con la dirección de discapacidad para solicitar rampas que lleguen desde la calle a la costa del lago y nunca nadie hizo nada”, sentenció Carla.
El transporte público es otra de las cuestiones que se suman a la interminable lista de cosas que hacen a Bariloche una ciudad poco accesible para personas con discapacidad. “Para quienes sufrimos discapacidad visual no nos complica subir los escalones, pero para quienes tienen parálisis les cuesta mucho subir y ni hablar de las personas que andan en silla de ruedas. Los colectivos no tienen rampas, por lo que se tienen que tomar un taxi o remis para trasladarse, y además hay que lograr dar con una persona que quiera cargarte la silla”, aseguró Pablo Noves.
Ezequiel no se maneja en colectivo. “Contamos con la camioneta que Mi Bus pone a disposición del municipio y, si bien, dan un buen servicio, la realidad es que el crecimiento poblacional también se da en personas que tienen discapacidad por lo que las únicas dos camionetas que hay no dan abasto”, aseguró.
Y agregó, “aunque lo ideal sería que los colectivos estén adaptados con las rampas y que los choferes estén preparados para manipular gente con discapacidad, ya que la mayoría no saben cómo hacerlo”.
Un proyecto de accesibilidad
Desde el año 2014, la Asociación Civil Los Búhos Bariloche lleva adelante un reclamo constante para lograr una ciudad más accesible para todos. Lejos de quejarse, Pablo Noves, presidente de la Asociación, contó a ANB que el mes pasado, presentaron un proyecto a la municipalidad con el objetivo de trabajar en conjunto para que moverse por la ciudad sea cómodo para toda la población.
“La accesibilidad es un derecho humano fundamental que debe ser garantizado por el Estado. Además, una ciudad más accesible no sólo beneficia a las personas con discapacidad, sino que también mejora la calidad de vida de toda la población”, brega la justificación del proyecto.
Para ello, Los Búhos proponen acciones concretas como eliminar obstáculos de las veredas; colocar rampas de discapacidad que deben cumplir con las medidas reglamentarias y estar en buenas condiciones para facilitar el acceso a las personas con discapacidad porque “hicieron un montón de rampas nuevas en las que no entran las sillas de ruedas”, aseguró Noves.
Además, se deben instalar semáforos sonoros en los cruces más transitados para que las personas con discapacidad visual puedan cruzar de manera segura. En este sentido, cuando desde la subsecretaría de Tránsito y Transporte comenzaron a llevar adelante la colocación de semáforos en distintas partes de la ciudad, desde la Asociación advirtieron la necesidad de este tipo de semáforos, aunque no fueron escuchados y los semáforos que se colocaron no son sonoros.
También, proponen que los restaurantes de la ciudad cumplan con la ordenanza que exige tener menú en sistema accesible para personas con discapacidad visual ya sea en forma digital o en sistema escritura braille.
Y, por último, la existencia de cartelería para personas con discapacidad visual en los paseos turísticos y puntos panorámicos, “porque yo mismo quiero acceder a esa información y no que otra persona me describa el paisaje que está viendo”, expresó Noves.
Para llevar adelante todos estos puntos se necesita personal que esté capacitado para realizar las adecuaciones necesarias, realizar inversiones en la instalación de semáforos sonoros y la elaboración de los carteles accesibles y llevar adelante campañas de concientización para la ciudadanía sobre la importancia de una ciudad más accesible.
¿Cómo se puede empezar a cambiar esta realidad?
Hablar de ciudades para personas con discapacidad, o ciudades accesibles e incluyentes es hablar de movilidad. Todos los días, las personas, sin importar su limitaciones físicas o mentales, deben moverse para llegar a algún lugar.
Existen tres aspectos fundamentales en una ciudad que impactan en la vida de las personas con discapacidad.
1) Aspectos físicos: Permiten que la persona pueda moverse de un lugar a otro en la ciudad. Esto es fundamental para poder ir al trabajo, a estudiar, a actividades de ocio, al médico, es decir, para poder realizar las actividades cotidianas. Algunos elementos básicos son unas aceras anchas (para sillas de ruedas), lisas, con rampas, sin postes o farolas en lugares no habituales; o estaciones de metro con ascensor o escaleras automáticas; semáforos con voz; carteles con información en braille y con imágenes simples. Estos elementos permiten que las personas con discapacidad se muevan libre y seguramente por la ciudad.
2) Aspectos económicos: Tienen en cuenta a las personas con discapacidad en el diseño de oportunidades laborales y en el diseño de espacios y productos de consumo. Como ejemplos se pueden citar puestos de trabajo adaptados; edificios accesibles y con baños adaptados para sillas de ruedas; espacios sin colores estridentes, o insonorizados; centros comerciales con puntos de información y señalización sencilla. Esto permite que las personas con discapacidad física e intelectual puedan aportar como trabajadores y consumidores.
3) Aspectos sociales: Son aquellos que permiten que todos los ciudadanos compartan los mismos lugares, facilitando la interacción y la participación en la comunidad. Por ejemplo, parques con columpios adaptados; museos con guías formados sobre discapacidad; colegios de integración etc.
Sin embargo, muchas veces, a Pablo le afirmaron que, al vivir en una ciudad montañosa, por la arquitectónica del lugar, no se pueden colocar las rampas necesarias para quienes las necesitan. “Entonces si naces con alguna discapacidad no podés vivir en una ciudad que tiene montañas y te tenés que mudar al Valle”, remarcó.
No cabe duda que la educación es un punto muy importante en esta cuestión, ya que, muchas personas, tampoco saben cómo asistir en la calle a personas que poseen una discapacidad. “La realidad es que hace falta personal que esté destinada a asistir personas en la calle. Es necesario buscar alternativas, ya que es imposible tirar abajo la ciudad y volver a construirla de nuevo”, afirmó Ezequiel.
“Hay que ponerse a pensar en cómo trabajar de manera conjunta. Es un trabajo colectivo que se debe hacer para cambiar la realidad en la que hoy estamos insertos”, concluyó Ezequiel.
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