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Buscan crear el "Café de Culturas" en el Centro Cívico para recuperar un histórico espacio de encuentro
La posibilidad de recuperar un histórico espacio del Centro Cívico de Bariloche vuelve a instalarse en la agenda cultural de la ciudad. Se trata del proyecto “Café de Culturas”, una iniciativa impulsada por la gestora cultural Graciela Novellino junto al arquitecto Gonzalo de Estrada, que propone refuncionalizar el lugar donde actualmente funciona el Tribunal de Contralor municipal para restituir allí una confitería cultural, tal como había sido concebida en el diseño original del complejo.
El planteo no es nuevo, pero vuelve a tomar impulso con la intención de generar consenso social y visibilidad pública. La propuesta apunta a recuperar el sentido original de un sector ubicado debajo de la Sala Frey, dentro del conjunto edilicio declarado Monumento Histórico Nacional, transformándolo en un ámbito de encuentro cultural abierto a la comunidad y al turismo.
“Es devolverle a un espacio pequeño que pocos conocen el sentido original que tuvo en el proyecto del arquitecto Estrada. Allí funcionaba un lugar de encuentro, un café donde sucedía la música y donde había habitués constantes”, explicó Novellino al presentar nuevamente la iniciativa en el programa radial Ideas Circulares.
El espacio en cuestión no fue pensado originalmente para funciones administrativas. Según detalló Gonzalo de Estrada —hijo del arquitecto Ernesto de Estrada, autor del Centro Cívico— allí funcionó una confitería en los primeros años del complejo, bajo el nombre Jockey Club, y la infraestructura aún conserva gran parte de sus características originales.
“Era una confitería de las de antes. Está todo preparado: los pisos, los baños, la cocina, la chimenea. No tiene sentido que tenga una actividad administrativa cuando fue concebido para el encuentro social”, señaló.
La reconversión, explican, no implicaría grandes intervenciones edilicias. Por el contrario, se trataría de adecuaciones técnicas menores para actualizar instalaciones y normativas, manteniendo la esencia patrimonial del lugar.
“Es muy chico el esfuerzo que hay que hacer. No es nada complicado. Simplemente es devolverle su función”, agregó el arquitecto.
Uno de los aspectos más atractivos del proyecto es la posibilidad de integrarlo funcionalmente con la Sala Frey, generando un circuito cultural continuo entre exposiciones, presentaciones y encuentros.
“El ideal sería que vos puedas tener una muestra en la planta alta y tomar un café en la planta baja. Sería maravilloso”, describió Estrada.
Durante recorridas realizadas para evaluar la factibilidad, los impulsores encontraron incluso elementos arquitectónicos originales hoy ocultos. Entre ellos, una antigua puerta arcada de piedra que conectaba directamente con la galería cubierta del Centro Cívico.
“Fue como encontrarte con 1940 de repente. Esa puerta sería una conexión simbólica entre pasado, presente y futuro”, sostuvo Novellino, quien además destacó el valor emocional que despierta el lugar en antiguos pobladores.
La gestora cultural realizó un trabajo de investigación entrevistando a vecinos vinculados a la antigua confitería. Entre ellos, familiares del concesionario original, músicos que tocaban allí y residentes que frecuentaban el espacio.
“Nos contaban que las novias iban a sacarse fotos frente a la confitería. Era un ritual. Imagino una inauguración con todos ellos presentes”, relató.
Más allá del rescate histórico, el proyecto responde a una necesidad vigente: la falta de espacios culturales cubiertos en la ciudad. Las condiciones climáticas de Bariloche limitan gran parte del año las actividades al aire libre, lo que vuelve estratégico contar con ámbitos calefaccionados y versátiles.
En ese sentido, el “Café de Culturas” se proyecta como un espacio multifuncional destinado a charlas, presentaciones, encuentros artísticos y ciclos temáticos que amplíen la oferta cultural local.
Entre las propuestas previstas se incluyen las denominadas “Charlas de Café”, encuentros sobre cultura, ambiente, turismo y sociedad, además de conversatorios con científicos, artistas y referentes comunitarios. También se contempla la participación de pueblos originarios y antiguos pobladores, integrando miradas diversas sobre la identidad local.
Incluso se analiza sumar el formato de Café Científico en articulación con instituciones académicas, tomando como referencia experiencias que ya se desarrollan en la ciudad.
“La idea es instalar una agenda cultural permanente, algo que la comunidad y el turismo sepan que siempre está abierto”, explicó Novellino.
El proyecto prevé además una fuerte articulación institucional. Entre los actores mencionados aparecen la Escuela de Hotelería y Gastronomía —con pasantías formativas—, el Instituto Balseiro, las universidades UNRN y UNCo, la Fundación INVAP y distintas organizaciones sociales y voluntariados.
La lógica apunta a una gestión mixta: un concesionario privado a cargo de la explotación gastronómica y una programación cultural articulada con instituciones públicas y comunitarias.
“Se necesita alguien que quiera poner un café ahí. ¿Quién no querría tener una confitería en el Centro Cívico?”, planteó Estrada.
Al tratarse de un uso contemplado en los planos originales, las gestiones patrimoniales serían más simples que en otros proyectos. “No hay transformación edilicia, hay conservación y revalorización”, remarcaron.
El proceso implicaría la elaboración de un pliego, un llamado a licitación y la adjudicación a un privado que desarrolle la actividad.
Pese a su viabilidad técnica, la iniciativa no logró avanzar en gestiones anteriores. Sus impulsores reconocen que el desgaste burocrático fue uno de los principales obstáculos.
“Mandábamos notas, teníamos reuniones, pero no había respuesta. Entonces decidimos hacerlo circular en la comunidad”, explicó Novellino.
La difusión mediática generó repercusión social. “Mucha gente todavía me pregunta qué pasó con el proyecto”, añadió.
La propuesta se inscribe, además, en una mirada más amplia sobre el destino del Centro Cívico como polo cultural y turístico. Según recordó Estrada, su padre ya planteaba décadas atrás la necesidad de profundizar ese perfil.
En esa línea se concretaron transformaciones como la creación de la Sala Frey, la ampliación del Museo de la Patagonia y nuevos espacios expositivos, consolidando un proceso gradual de reconversión cultural del complejo. “El camino es ir por partes. Este es un proyecto fácil y concreto”, sostuvo.
Pensado como un espacio abierto tanto a residentes como visitantes, el “Café de Culturas” buscaría integrarse a la experiencia cotidiana del principal paseo urbano de la ciudad. “Imaginate mesas afuera en verano, música, encuentros… es espectacular el lugar”, describió Estrada.
Aunque no existen plazos oficiales, el proyecto vuelve a escena en un contexto donde se concretaron otras mejoras en el Centro Cívico, como la reciente inauguración de los nuevos baños públicos. “Si aparecieron los baños, también puede aparecer la confitería”, deslizaron con optimismo.
La iniciativa, que combina recuperación histórica, desarrollo cultural y dinamización turística, vuelve así a instalar una pregunta de fondo: cómo seguir resignificando los espacios patrimoniales para que no sean solo postales, sino ámbitos vivos de la comunidad.
El “Café de Culturas” propone, justamente, eso: que el corazón cívico de Bariloche vuelva a latir también desde el encuentro cotidiano, la conversación y la cultura compartida. (Bariloche Opina)
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