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Bariloche, miércoles 18, febrero 2026
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Contaminación sonora y ruidos molestos, el problema que suma quejas en Bariloche

Ruidos molestos. Bares con música a volumen alto hasta la madrugada. Fiestas. Autos y motos con escapes libres o equipos de audio que superan los niveles soportables. La contaminación sonora es amplia y no solo apunta a las molestias que pueda ocasionar entre vecinos, sino también, a los perjuicios al ambiente que da como resultados.

 

 
Si bien en Bariloche existe desde 2013 una ordenanza que regula los ruidos molestos y habla sobre los problemas que puede producir en la salud de quienes están expuestos constantemente, las quejas, reclamos y denuncias de vecinos no cesan. Para la defensora del Pueblo, Analía Woloszczuk dijo que “en estos años la ciudad creció mucho, y es una ordenanza que quedó obsoleta en algunos sentidos, por lo que consideramos necesario que se vuelva a discutir y contemplar algunas cuestiones que han surgido gracias a las denuncias de las vecinas y vecinos”.
 
Según Woloszczuk, las presentaciones de vecinos se incrementaron a partir de diciembre. “Nos enfocamos en denuncias en zona céntrica y espacios recreativos que se extienden desde el este al oeste”, indicó y agregó que sobre esta problemática, desde el organismo intentan aplicar “una mirada ambientalista”.
 
Entre las decenas de denuncias recibidas se encuentran el Paseo de la Montaña, en calles Neumeyer, 20 de Febrero y Juramento; las fiestas que se realizaron en el predio de la Sociedad Rural, en el Club Alas y en la base del Cerro Catedral; locales nocturnos de las Avenidas Pioneros y Bustillo, entre otros.
 
La ordenanza 2401/13, recoge un informe de la Organización Mundial de la Salud para determinar que “el ruido como problema ambiental no afecta sólo el sistema auditivo sino que se refleja en un sinnúmero de molestias al bienestar general del individuo, pudiendo provocar trastornos del sueño, trastornos circulatorios e inclusive ataques cardíacos”.
 
El problema de la contaminación sonora o los ruidos molestos es la subjetividad. Es decir, depende de las personas que perciban los sonidos. De todas maneras, hay estudios que determinan los niveles óptimos, medidos en decibeles, para no generar impacto negativo en los seres humanos.
 
“Por debajo de los 45 dB se considera una zona de bienestar y a partir de los 55 dB las personas empiezan a considerar molesto el ruido. Cuando se sobrepasan los 85 dB se manifiestan los efectos nocivos. Se produce una contracción de los vasos de la zona precapilar, aumenta la resistencia periférica de la circulación de la sangre reduciendo el volumen impulsado. El corazón sufre. Se provoca una excitación nerviosa, una disminución de los reflejos y una falta de atención”, explicó el perito Néstor Vidal.
 
Pablo Anfuso, del área de Fiscalización del municipio, coincidió en que las quejas e intervenciones del cuerpo de inspectores se incrementaron en los últimos meses. Esto también sucedió con la llegada masiva de turistas, después de los meses más crudos de pandemia que además implicaban otros horarios de funcionamiento en bares y comercios. “La gente se acostumbró durante ese tiempo, a cierto nivel sonoro, había menos gente, más restricciones horarias”, consideró
 
La mayoría de los reclamos coincide con la zona céntrica de la ciudad, donde se reúne la mayoría de los bares. Si bien en la normativa municipal se habla incluso de los ruidos producidos por automóviles o motos, las quejas apuntan a restaurantes y confiterías.
 
“Se debe poder disfrutar pero sin invadir a los vecinos, ya que si no termina siendo una restricción a la propiedad privada debido a que los ciudadanos que viven donde hay bares, quizás no pueden disfrutar de su espacio o vivienda”, manifestó la defensora del Pueblo.
 
Desde la Defensoría del Pueblo apuntan a crear una campaña de concientización, “porque mucha gente desconoce que los ruidos molestan a la gente o generan un impacto negativo en el ambiente, en la flora y en la fauna, teniendo en cuenta que tenemos la fortuna de vivir en un Parque Nacional”, sostuvo Woloszczuk.
 
Anfuso explicó que además, la intervención de los inspectores también es subjetiva. “Es la normativa que más aplicamos a la hora de ordenar y pone como parámetro lo que escuchan los inspectores”, detalló.
 
En este caso, se recibe la denuncia de una persona y se constata que el ruido sea molesto según la consideración de cada inspector municipal, pero “no se genera una infracción porque solo un vecino lo perciba”, aclaró Anfuso.
 
La normativa sancionada establece “se prohíbe dentro del ejido municipal la producción de ruidos molestos, superfluos o extraordinarios, sean ellos originados por acciones u omisiones directas o indirectas, voluntarias o involuntarias, causadas por el hombre, por los animales o elementos de que dispone o de que se sirve, cuando por la hora, lugar o intensidad perturben o puedan perturbar la tranquilidad o reposo de la población, originando molestias o perjuicios de cualquier naturaleza”.
 
Para Woloszczuk, “todo lo que es prohibitivo o punitivo, tiende a generar el efecto contrario. Creemos que tiene que haber una norma más clara, pero también más fiscalización, aunque tomando conciencia, informándonos, se puede mejorar

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