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Bariloche, martes 20, enero 2026
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"Es un trabajo como cualquiera", dijo el piloto de un avión que combate el fuego en los incendios

 o me considero un héroe, es un trabajo más como cualquiera", expresó José Pepe Moyano, piloto que se desempeña en los incendios forestales, en diálogo con Radio Seis. Resaltó que es la voz de muchos pilotos que no pueden hablar.

Consultado respecto a qué siente cuando lo convocan para un incendio manifestó que lo primero que quiere es llegar cuanto antes y tirar el agua. Aseguró que esto piensan todos los pilotos y quienes trabajan por tierra "porque es un trabajo en equipo que no sirve si no lo hacemos en conjunto".

Resaltó que es terrible cuando la gente pierde la casa o los animales. "Los sentimientos son muy profundos, lo hacemos de corazón, también tenemos angustia, en el momento que haces el disparo tenés que estar concentrado, cuando volvés para hacer otra carga te relajás un poco y te da angustia", reconoció y señaló que días atrás a un compañero se le caían las lágrimas porque hay veces que la visibilidad o el viento no te dejan entrar. "Estoy cargado con agua y no puedo ayudar", lamentó.

Manifestó que "es una mezcla de sentimientos y la adrenalina a full para llegar y meterte contra viento y baja visibilidad, a veces no ayuda".

"No mido el tiempo, lo hacés por sentimiento, tiene que ser la decisión rápida porque el tiempo te juega en contra", afirmó y hay que evaluar todo el entorno para ver las posibilidades de salida y seguridad en el disparo. "Nos estamos cruzando, estamos en contacto permanente y estamos todos muy juntos, a veces el humo te impide ver qué está haciendo el otro", comentó y afirmó que están entrenados para eso y es una tarea habitual.
Ante la consulta expresó que su familia está acostumbrada, "uno se confía en lo que sabe, a veces arriesga un poquito más y te llaman la atención". Destacó que así lo hacen todos.

Comentó que el momento de mayor riesgo es "cuando estás entrando, ya sabés cómo están las condiciones, el viento, las descendentes, el humo y te puede fallar el avión, gracias a Dios nunca falló, estamos entrenados en caso de que falle, tenemos una emergencia llegado el caso y tenés que planificar la salida, en el caso que la peor fuera no abrir y te quedás con el agua encima, siempre tenés que tener la alternativa, todo eso se analiza en décimas de segundos".

Reconoció que tuvo varios sustos, "muchas veces te juega una mala pasada el viento, la cordillera, el cañadón, porque las corrientes descendentes no hay un aviso previo, estás por pasar una ladera y el avión se empieza a hundir, tenés que tener siempre una alternativa de salida".

Enfatizó que "nunca hay que confiarse, al mejor cazador se le escapa la liebre, la seguridad ante todo, uno a veces se juega pero siempre está el margen de seguridad".

El año pasado hizo 270 horas en el área de Bariloche, San Martín de Los Andes y El Bolsón. Tiene 46 años volando, acá empezó en el 2005 y ya desde el año pasado "me dedico a full".

Respecto a qué le diría a quien prende fuego es que "hay que respetar al otro, está en juego la vida, la naturaleza, los bienes, los animales, que no son poca cosa, antes de ejecutar algo tan aberrante, que respete a su par".

El sentimiento también está en el que se queda abajo, "yo tengo un compañero que me despide y me dice Pepe andá, cuídate" . Remarcó que genera un gasto impresionante. También está la prevención y el control, no es simplemente poner un cartel, “cuando agarrás a alguien que no le importa nada hay que castigarlo, si no lo entiende por las buenas”.


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