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“Gracias a la radio nosotros tenemos comunicación”, dice con convicción Carlos Millache parado en la puerta de la radio, vestido de gaucho y con poncho como abrigo para pasar el mediodía frío de este sábado 18 de mayo.
Junto a su primo, como cientos de personas más, llegaron este sábado al mediodía a Radio Nacional, para expresar el apoyo a la emisora que llega a cada rincón del país y que escuchan los pobladores, por más olvidados que estén por el Estado.
En el campo, allá por Cuyin Manzano, Segundo Quintriqueo tiene su radio colgada en la pared de su casita de madera. Desde hace unos años tiene paneles solares, pero él sigue cuidando el uso de su aparato radial como si solo funcionara a pilas, como antes. “La prendo todos los días para escuchar los sociales”, dice sentado al lado de su cocina a leña.
Aunque hace unos años decidieron cambiarle el nombre a “Servicio de mensajes de Nacional Bariloche”, la gente le sigue diciendo “los mensajes al poblador rural” o “los sociales”. Y justamente, ese servicio social que tiene la Radio Nacional, es el que este sábado se defendió en la puerta del medio público.
"Ayer escuché que estaba el abrazo, porque aunque vivo acá siempre escucho Radio Nacional, siempre escucho los sociales, el campesino nunca tiene que perder esa costumbre. Hay que usar las pilas solo para el social porque las pilas salen caras", agrega Carlos, con una carcajada.
“Soy nacida en Bariloche, pero vengo a acompañar a Radio Nacional porque siempre nos hace compañía y nos ayuda para salir adelante con fe y esperanza. Me puse con nuestra bandera, porque hoy además es el Día de la escarapela. ¡Que viva la Patria!”, expresa Elsa mientras toma una punta de la bandera argentina que sostiene junto a un niño y otra mujer.
“Todo lo que nosotros necesitamos es Radio Nacional, para poder comunicarnos con las familias que están en el campo. Es muy lindo podernos juntarnos y apoyar, porque esta radio es algo muy positivo para nosotros”, remarca Robustiano Millache, nacido y criado en Pichileufu.
Antes de salir de su casa en el barrio Nuestras Malvinas junto a su mamá Felicinda, Irma le mandó un saludo por Radio Nacional a su hijo y a su nuera, que viven en una zona rural de Pichileufu.
“Desde que recuerdo la comunicación fue por Radio Nacional. Hay lugares donde todavía no hay señal y aunque la haya, la radio siempre está presente porque no es solo hacer llamadas, si no escuchar música y las noticias y mantenerse conectado con el mundo”, añade mientras comparte una torta frita junto a su madre, de más de 82 años.
La costumbre queda y la mayoría de los pobladores rurales que tuvo que emigrar al pueblo, por diferentes razones, sigue teniendo el hábito, de lunes a viernes dos veces por día, escuchar "los sociales". Seguramente, esto de alguna manera, los lleva al lugar donde vivieron, a los recuerdos de una vida que pasó.
Radio Nacional no se vende, se defiende, dicen los carteles y cantan a coro un grupo de personas. La emisora pública está en riesgo, como el resto de los medios públicos del país, pero la gente se juntó para defenderla y apoyar a sus trabajadores.
Con el aparente objetivo de reducir el gasto presupuestario de Radio y Televisión Argentina, a nivel nacional, se suprimieron todos los cargos directivos en cada lugar del país y las funciones que tenían a cargo los directivos, pasaron a estar centralizadas en Buenos Aires.
Además, también hubo un recorte para los trabajadores de prensa de los medios públicos, lo que pone en riesgo además de la programación local, el servicio de Mensajes de Radio Nacional.
Por esto, se organizó este abrazo solidario para mostrar el apoyo, el acompañamiento y sobre todo, lo necesaria que es la Radio Nacional en el país, en la Patagonia y en cada casa a la que llega.
Hubo lectura de documentos, música a cargo de un coro y luego, el chamamé infaltable, para ponerle calor a una jornada fresca, en la que no faltó el mate para entibiar el cuerpo.
En las grandes ciudades, o con la llegada de las nuevas tecnologías que revolucionaron la vida, para muchas personas resulta impensable tener que enviar un mensaje a través de la radio. Pero allá, en los pequeños parajes donde la señal no existe, y los caminos son intransitables, donde no llegan las visitas diarias ni mucho menos, la televisión, allá, todos los días, hombres y mujeres de campo se sientan a escuchar el mensaje al poblador rural. Quizás, uno de esos días, reciben un saludo, un aviso o una noticia con su nombre y apellido. (ANB)
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