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La presencia de perros domésticos en áreas naturales genera conflictos con la fauna silvestre

 El perro fue una de las primeras especies domesticadas por el humano. Es un animal con comportamiento flexible, que puede recorrer muchos kilómetros al día y tiene una alta tasa de reproducción.

Estos diversos y fuertes vínculos con las personas lo llevaron a ser hoy el carnívoro más común en el mundo, con una población de casi 1000 millones de individuos, es decir, aproximadamente un perro cada 8 personas.

Los perros pueden ser considerados por las personas como un miembro más de la familia, en otros casos los tienen como ayuda en el trabajo (perros de búsqueda o de rescate), otras personas los tienen como protección (personal, del hogar o del ganado), existen perros entrenados para ser guardianes de fauna silvestre vulnerable o como ayuda en la salud (perros guías o terapias de autismos). Hasta en algunas regiones son considerados sagrados.

Si bien el perro tiene una estrecha relación con las personas, lamentablemente no todos los perros del mundo se encuentran bajo el cuidado de personas responsables. Un gran número de ellos circula libremente sin supervisión, ya sea porque sus dueños los dejan salir de sus casas y vagar libremente o porque son perros abandonados o sin dueño.

El perro, al ser un animal carnívoro, come carne y tiene la capacidad e instinto natural de perseguir y cazar otros animales para conseguirla. En este punto es donde nos encontramos con un problema. Si las personas dejan a sus perros circular libremente, abandonan perros o a las crías, y no se castran a los perros que circulan libremente, la población de perros aumenta sin control. Estos perros sueltos sin supervisión de las personas pueden perseguir a la fauna silvestre, por instinto natural, y afectarla.

El punto importante es que estos perros, aunque no tengan dueño, son resultado de la irresponsabilidad del humano y sus poblaciones dependen de nosotros, no así la fauna silvestre que debe valerse por sí misma para encontrar pareja, reproducirse exitosamente, cuidarse de la depredación, conseguir alimento, sobrevivir a enfermedades, etc.

Así, los perros sueltos pueden interactuar con la fauna silvestre de diversas maneras: por medio de la depredación directa al cazarlos, la competencia (ej. al consumir alimentos de la fauna silvestre) o transmitirle enfermedades.

A su vez, los perros tienen el instinto natural de perseguir todo lo que se mueva, al hacerlo pueden estresar a otros animales y provocarles la muerte o en algunos casos el abandono de sus crías y sitios de nidificación. Se ha observado que también alteran los patrones de movimiento de la fauna al generarles miedo, entonces ésta se desplaza a otros lugares o cambia sus horarios de actividad para evitar encontrarse con los perros.

Todas estas interacciones negativas de los perros con la fauna silvestre se han observado en numerosas partes del mundo, es por esto que un trabajo reciente que revisó estas situaciones a nivel global, alertó que los perros sueltos sin supervisión han sido la causa de extinción de al menos 11 especies y son una amenaza potencial para al menos 188 especies.

Actualmente existe un fuerte avance de la urbanización y fragmentación de hábitats naturales debido a las actividades humanas. Asociado a esto, se observa un aumento poblacional de perros, ya que es un animal íntimamente asociado a las personas.

El primer paso para ayudar a la conservación de los ambientes naturales es tomar consciencia de la vida que allí habita y cómo, sin darnos cuenta, podemos impactarla. Es necesario pensar en una coexistencia de la manera más armoniosa posible, respetando, valorando y conectándonos con los ambientes naturales y la fauna que allí habita, aunque no la veamos tan frecuentemente como a nuestros perros.

La investigación del GrInBiC

Las áreas naturales protegidas son sitios destinados a la conservación de especies nativas y ambientes naturales. Es por esto que no se permite el ingreso de perros (a excepción de perros guías o lazarillos) ya que pueden atacar a la fauna silvestre, transmitirle enfermedades o generarle estrés con su ladrido y olor.

A pesar de que no está permitido, casi en el 80% (146) de las áreas protegidas argentinas visitadas por 1012 encuestados, éstos vieron perros sueltos circulando sin supervisión.

En este estudio, se evaluó si la accesibilidad y la claridad de las normativas respecto al acceso de perros a áreas protegidas de Argentina se relacionan con el conocimiento de las mismas por parte de la gente que visita estas áreas. Para esto, primero se le preguntó a la gente si visita áreas protegidas y si podían mencionarlas. Luego, se les consultó si sabían si estaba permitido el ingreso de perros en las mismas.

Por otro lado, paralelamente, los integrantes del grupo, revisaron en internet las páginas oficiales, redes sociales, leyes y ordenanzas nacionales y provinciales para saber si era posible entrar con perros o no a esas áreas protegidas.

En este sentido, se observó que, en numerosos casos, esta información no es accesible al público en general y, en algunos casos, cuando está disponible, no es clara. Al analizar la relación entre esta accesibilidad y lo que los encuestados respondieron, se observó que hay una fuerte relación entre las áreas protegidas que no mencionan nada acerca de la regulación de perros en el área y las personas que respondieron que en esas áreas “no saben si se puede ingresar con perros” y que “sí se puede ingresar con perros”. Es decir, la falta de información clara y accesible al público en general genera confusión en los visitantes acerca de las normativas.

Hoy en día es una práctica común averiguar por internet las características de un lugar que se va a visitar. A su vez, cada vez es más frecuente que la gente realice viajes con sus perros porque los consideran un integrante más de la familia.

Por ello, es importante y necesario que las normativas sean claras y consistentes y que las áreas naturales protegidas utilicen sus páginas web y redes sociales para su difusión. De esta manera, se pueden evitar disgustos o malos entendidos en el momento de la visita y ayudar a que se cumplan estas normativas que son tan importantes para la conservación de estas áreas.

“Es importante respetar, valorar y conectarnos con los ambientes naturales y la fauna silvestre que allí habita, aunque no la veamos tan frecuentemente como a nuestros perros. Parte de las acciones que podemos llevar a cabo, entre muchas otras, es cuidar de manera responsable a nuestros animales de compañía”, indica el artículo publicado por la doctora en Biología, Lucía Zamaro y el doctor en Biología, Sergio Lambertucci.

Esto implica brindarle un hogar confortable, alimentación, identificarlo y que el ambiente en donde viva esté enriquecido con lo que necesitan para jugar, correr, simular persecuciones o presas. Esto ayuda a descargar la ansiedad natural y evitar comportamientos conflictivos.

En el caso de que se saque a pasear, que sea con correa y por sitios habilitados para perros. No abandonarlos, ya sea por malos comportamientos o porque tuvieron crías, buscar adoptantes y castrar, tanto a hembras como a machos para evitar el crecimiento de poblaciones de perros sin dueños en las calles.

“Los ambientes naturales y la especies que habitan allí se encuentran en constante interconexión. El ingreso de una especie nueva puede generar cambios en todas esas interacciones. Está en nosotros permitir que esas interacciones que se han dado por miles de años sigan existiendo y logremos coexistir con ellas o dejar que se rompan”, concluye el artículo.


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