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Menem se quedó a jugar golf y frustró el plan anti-K para apropiarse del Senado

El ex presidente fue el único legislador que faltó a la sesión en la que radicales y peronistas disidentes buscanba quedarse con la mayoría de las comisiones. El FpV ganó tiempo para seducir a otro senador y retener el poder. Eduardo Tagliaferro.

Despreocupado. El ex presidente habría dicho desde La Rioja que su participación en la sesión no era tan importante y que por esa razón no viajaba a Buenos Aires. Hay quienes aseguran que es una venganza al "ninguneo" de los peronistas disidentes.

El rionegrino Miguel Ángel Pichetto no podía disimular su satisfacción por haber impedido que la oposición se alzara con la mayoría de las comisiones de la Cámara alta. “Si no tienen 37 votos no pueden conducir el Senado”, subrayó el jefe de la bancada K momentos después de que los suyos abandonaron el recinto y dejaron sin quórum la sesión en la que se iban a constituir las comisiones legislativas. La ausencia de Carlos Menem privó a los opositores del número mágico. En la última semana, Pichetto había deslizado que la oposición no contaba con los votos que decía tener. Incluso había vaticinado que ocurriría “alguna sorpresa”. A pesar de que la frase le valió el mote de “Julián Weich”, Pichetto concretó ayer la sorpresa y media que dejó sin reacción a los opositores.

“Tengo respeto por Menem. Siempre lo he tenido. Si tengo que hablar con él no tengo problemas”, confió Pichetto a Crítica de la Argentina luego de destacar que él no se había comunicado con el riojano y que desconocía si el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, había realizado alguna gestión. Mientras el oficialismo disfrutaba su movida, la oposición continuaba en el recinto deliberando en minoría. En el celular del catamarqueño Oscar Castillo rebotó un mensaje de texto que arrebató las únicas sonrisas que tuvo la sesión. “Cuando se habían olvidado de mí, los volví a defraudar”, era la frase que un conocido le escribió y que éste mostraba desde la pantalla de su teléfono móvil para acordarse de Menem.

Más allá del chascarrillo, la oposición había dejado al desnudo la endeblez de sus acuerdos. Antes de que el kirchnerismo abandonara el recinto, se votó por unanimidad a las nuevas autoridades del cuerpo. El peronismo disidente, que durante meses agitó que reclamaría la presidencia provisional, en manos de José Pampuro, consiguió a cambio que los radicales le cedieran 2 vicepresidencias. Pampuro fue ratificado en su cargo. Como vicepresidente fue electo el radical Juan Carlos Marino, vice primero el salteño Juan Carlos Romero y vice segundo Roberto Basualdo, de San Juan.

A pesar de que Pichetto aseguró que había decidido retirarse del recinto cuando se percató de la ausencia de Menem, lo real es que ya tenía la estrategia definida. El camino del repliegue lo había comenzado a transitar uno de sus aliados del MPN, Horacio Lores. A él lo siguieron los dos fueguinos que supieron pertenecer al ARI, indignados porque se los calificó como prooficialistas, algo que Pichetto reconoció cuando al referirse a ellos los calificó como “nuestros aliados”.

En la soledad de un recinto semidespoblado, el pampeano Carlos Verna decía que su padre, que fue vendedor de ganado, le había enseñado que un trato se cerraba con un apretón de manos y luego de comprometer la palabra. Usó el ejemplo para decir que Pichetto había incumplido su promesa de no bloquear la sesión. “Nosotros no rompimos ningún acuerdo. Acordamos sobre la base de que la oposición tenía 37 votos, pero no los tenía, durante días le mintieron a la sociedad”, respondió el rionegrino a la acusación de Verna.



Antes de finalizar la sesión, el jujeño Gerardo Morales le pidió a Julio Cobos que convoque nuevamente a la sesión preparatoria para el próximo miércoles. Ese día esperan contar con las 37 presencias que le otorguen quórum para sesionar y le permitan imponer el esquema de poder que hoy no pudieron instalar. Por lo pronto, Pichetto aseguró que su bloque no bajará al recinto. El rionegrino se paró desde una posición de fuerza y le reclamó a la oposición que revise su propuesta.

El radical Morales estrenó la presidencia de bloque con una derrota impensada. Le faltaron reflejos para cambiar de estrategia cuando se enteró de que Menem no concurriría a la sesión. Como un estigma que lo persigue, el jujeño, al igual que los radicales y unos pocos senadores más, como Giustiniani o la porteña María Eugenia Estenssoro, quedaron presos de una interna peronista. Interna que paralizó al Senado hasta nuevo aviso. Por eso, el radical cordobés Ramón Mestre le pidió al oficialismo “que reconozca el resultado electoral del 28 de junio”. Un imposible. Los kirchneristas ayer mostraron un discurso “institucionalista”. Algo que desnuda su debilidad política. Claro que la fortaleza opositora tampoco fue tal. Mientras todos buscan a Menem, no faltan los que admiten que el riojano le hizo un favor personal a Pichetto: le dio tiempo para que seduzca a algún legislador que le garantice la victoria. De última, Menem sabe que todos los que hoy abjuran de él fueron menemistas y alguna vez cantaron que “vuelva Carlos”.


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