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Merenderos: testigos de la crisis que agrava la cuarentena

Por Claudia Olate

María Catalán revuelve un estofado que prepara en una enorme olla de la que saldrán más de 30 porciones de comida para los vecinos que miércoles y sábados se acercan a su casa en el barrio 2 de Abril para retirar un plato de alimento caliente. Lleva puesto un delantal que parece confirmar la tarea de cocinera.

Empezó hace 11 años con un noble objetivo que para ella, es “un sueño cumplido”. Surgió como una idea de su hija mayor, pero que continuó por sus propios medios aún en las situaciones más difíciles. “Si veo a un nene en la calle, con frío o con hambre, ¿cómo no voy a darle algo calentito, una merienda al menos?”, dice parada en la cocina donde dos veces por semana durante la cuarentena, se pone al hombro la misión de hacer un poco más llevadera la crisis que golpea a muchos vecinos.

“Copa de leche” se llama el merendero en el que quedaron varias actividades inconclusas debido a la pandemia que pone en jaque al mundo entero. “Queríamos hacer un curso de cocina y otro de costura, pero ahora todo quedó en la nada”, resume.

María recibe la ayuda de su familia para llevar adelante el merendero. (Foto: Marcelo Martínez)

María tiene siete hijos y nueve nietos. Vive en el barrio hace 27 años, “desde que era monte y rancherío”, recuerda mientras mira por la ventana las montañas que tiene en frente donde el otoño ya hace de las suyas. Cuando empezó con el merendero, incluso su situación era difícil, pero las ganas de ayudar fueron más grandes.

“Siempre digo que cumplí mi sueño de tener un comedor para darle a la gente que no tiene, comida que a mí me gusta comer”, dice y añade con firmeza, “que la gente tenga necesidad no quiere decir que tiene que comer cualquier cosa o recibir donaciones que no usaría nadie”. Se indigna al recordar casos de gente que acercó colaboraciones “que eran directamente para tirar a la basura”.

Hace cinco años aproximadamente comenzó a recibir un aporte del municipio. De manera semanal, le acercan carne, pollo y algunas verduras para que pueda elaborar la comida que entrega. “Suele haber problemas con los proveedores”, explica, pero en esas ocasiones, siempre está la ayuda de vecinos particulares, de algunos comercios como la verdulería “Nadia y Brenda” o también de la Red Solidaria.

El merendero tiene un aspecto nuevo desde hace un tiempo. Es que una de las personas que más colabora con María, se encargó de refaccionar el lugar, hacer un nuevo techo y mejorar la calefacción. “Ella no quiere que diga su nombre, pero sin su ayuda esto no sería posible. Ahora da gusto cocinar acá, antes no se podía estar del frío que hacía”, remarca.

Los vecinos concurren con sus recipientes a buscar comida preparada y frutas, verduras o leche. (Foto: Marcelo Martínez)

 

Los miércoles y sábados, María emprende la tarea de la cocina. Las comidas son variadas, siempre intentando hacerlas de la manera más completa posible. Ahora, además, llegó el frío a la ciudad y un plato caliente hace la diferencia en las más de 30 mesas donde llega lo que María elaboró con amor y dedicación.

“En estos 11 años lloramos muchas veces con la gente, más que nada con las mujeres solas, que la luchan día a día con sus hijos y ahora es peor”, cuenta. En el contexto de la cuarentena, decidió que no podía dejar de ayudar a la gente y comenzó con la preparación de comida que la gente va a buscar con sus recipientes. Antes, comían en el lugar, pero ahora ya no se puede y estrictamente deja pasar de a una persona por vez para retirar el alimento.

En principio lo hacía tres veces por semana, pero “estoy grande y me canso mucho”, explica. Por eso decidió reducir las veces que cocina pero ya piensa en el invierno. “Hay gente que no come en todo el día, que sobrevive con un té y con suerte, un pedazo de pan”, sostiene.

María no pregunta de dónde llega la gente que busca comida. “No me importa de qué barrio sean, si tienen hambre y yo tengo algo para darles, no voy a poner peros”, manifiesta con énfasis y agrega que “mientras haya, yo voy a ayudar”.

Actualmente, cualquier donación de alimentos o incluso de ropa de invierno, es bienvenida. Una de las necesidades que tiene el merendero ahora es el arreglo de un freezer que no funciona desde hace un tiempo. “Le cargamos gas pero sigue sin enfriar”, detalla. Se trata de un elemento de vital importancia ya que cuando donan alimentos tipo verduras, leche o carnes, “los fracciono y las congelo así no se ponen feos y después directamente saco para cocinar”, indica.

Además de la comida, reparten alimentos que donan vecinos particulares, comercios y la Red Solidaria. (Foto: Marcelo Martínez.)

Tal como ocurre en todos los merenderos de la ciudad, cuando hay donaciones, muchas veces se preparan bolsas de productos esenciales que son repartidas entre la gente que necesita. “Intento ver a quién le damos la comida, hay mucha gente que quizás no tiene necesidad pero retira alimentos de todas partes sacándole la oportunidad a alguien que sí está sufriendo el hambre de verdad”, señala.

Desde que comenzó el aislamiento social, preventivo y obligatorio los más de 30 merenderos repartidos en distintos barrios, debieron modificar su funcionamiento. La mayoría no solo brinda una comida al día, sino que también ofrecen ayuda escolar, capacitaciones, cursos o talleres con la idea de acompañar a los niños y a la gente que no tiene otras oportunidades.

María vive en el barrio 2 de Abril hace 27 años y es conocida por todos. (Foto: Marcelo Martínez)

Ahora, muchos son los lugares donde empezaron a preparar viandas y bolsas de comida. Tal es el caso de los Corazones de Beatriz, en el Nahuel Hue. “Desde que empezó todo esto, no hay descanso, todos los días, todo el día hay gente que necesita algo, que no tiene comida”, explicó Beatriz en su pequeño merendero que este año pensaba ampliar. Allí, muchos son los vecinos que asisten a buscar una bolsa con fideos, verduras, algo de pan.

En el barrio Nuestras Malvinas, el comedor Gotitas de Esfuerzo también sigue dando una mano a quienes más lo necesitan, como hace ya veinte años. “Funcionamos como podemos, la gente sigue con necesidad”, señaló días atrás Iris Miñoz. ¿Las donaciones? La gran mayoría de particulares que colabora para que unos 130 chicos sigan recibiendo una vianda al día.

La ayuda es solo un paliativo en el medio de una situación que se agrava aún más. A la posible crisis sanitaria que puede sobrevenir en caso de aumentar los casos de coronavirus, se le suma la crisis social y económica que viven los barrios de la ciudad desde hace años, pero que ante la imposibilidad de salir a trabajar o de rebuscárselas de alguna manera, genera mayor preocupación e incertidumbre.


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