Noticias de hoy
Se cuadruplicó la cantidad de gente que concurre a comedores y merenderos
Por Claudia Olate
Cada mediodía, en diferentes barrios barilochenses, muchos vecinos con un recipiente en mano, concurren en búsqueda de una vianda, un plato de comida caliente o una bolsa de alimentos que le permita sobrellevar lo que seguramente será, la peor crisis de los últimos tiempos.
La extensión de la cuarentena parece ir de la mano con el aumento del hambre, la desocupación y las necesidades y los merenderos, comedores y espacios solidarios, son los principales testigos de esto.
Desde que inició el aislamiento social, preventivo y obligatorio, el 20 de marzo, hubo muchas muestras de solidaridad. Vecinos que comenzaron a reunir alimentos para donar, organizaciones que decidieron elaborar viandas para entregar, gente que en silencio y desde el anonimato trató de aportar su granito de arena para aliviar la realidad de tantas personas que pasan hambre y también, los merenderos, que se transformaron en cocinas donde varias veces por semana, las familias concurren a buscar una ayuda.
“Antes de que empezara la cuarentena teníamos unas 27 familias fijas en el merendero, ahora vienen más de 100 a buscar la vianda tres veces por semana”, explicó Beatriz, desde el lugar que abrió hace 6 años para ayudar a sus vecinos en el barrio Nahuel Hue conocido como Los corazones de Beatriz.
En el merendero los Corazones de Beatriz se entregan viandas 3 veces por semana. (Foto: Marcelo Martínez)
Además de comida, muchos buscan también ropa, colchones, frazadas. La llegada del invierno no favorece la situación difícil en los barrios y las necesidades se recrudecen cada vez más.
En los barrios del Alto especialmente, los merenderos se multiplican. En cada barrio hay más de dos o tres pero la cantidad de gente que busca ayuda, no merma por más muestras solidarias que haya. Julieta abrió hace un año y medio el merendero Hormiguitas en el barrio Nahuel Hue. Empezó casi sin darse cuenta, “porque mis hijos me pedían si podían traer a sus amiguitos a merendar porque en sus casas no tenían comida”, recuerda. Rápidamente se multiplicó la cantidad de copas de leche que servía hasta que mantuvo unos 35 niños que tres veces a la semana se acercaban a tomar algo caliente. Los sábados era el único día que preparaba el almuerzo.
Con la pandemia, la situación cambió. Primero por la imposibilidad de dar la merienda en su casa, pero además, porque la necesidad se incrementó notablemente. “Ahora damos viandas todos los días menos los martes que es el día que uso para ir a hacer las compras”, señala y agrega que “hubo un momento en que bajó un poco la cantidad de gente porque también hay muchas ollas ambulantes y viandas solidarias, pero actualmente entregamos siempre más de 100 o 120 platos de comida por día”.
Julieta entrega más de 100 viandas por día desde que comenzó la cuarentena. (Foto: Marcelo Martínez)
Como la crisis económica golpea a todos los sectores, esto también se nota en las donaciones que reciben los espacios solidarios. En Bariloche hay más de 30 comedores o merenderos y la gran mayoría, sino todos, se mantienen con esfuerzo propio, por pura voluntad de quienes un día decidieron ayudar a los que más lo necesitan. “Ahora recibimos poca ayuda, bajaron mucho las cosas donadas”, sostiene Beatriz y añade que “muchos comercios que nos ayudaban ahora están cerrados y ya no pueden hacerlo”, aunque agradece especialmente a Detail Bariloche y La Posta cervecería por los alimentos que reunieron para colaborar.
La misma situación vive María en el merendero Copa de leche ubicado en el barrio 2 de Abril. “Entendemos que todos están en un momento complicado”, indica y agrega que “antes el municipio nos traía carne y verduras, pero ahora hace más de un mes que no aparece y me tuve que ver en la obligación de pedir donaciones particulares para poder seguir cocinando”.
María Catalán abrió el merendero Copa de leche en el barrio 2 de Abril hace más de once años. (Foto: Marcelo Martínez)
María por su parte también daba la merienda a unos 20 niños del barrio y ahora cocina tres veces por semana. “Cada vez hay más gente que viene a pedir comida. Muchos abuelos y nenes”, remarca con dolor.
En este contexto, muchas personas buscan dar una mano y recurren directamente a los merenderos que ya conocen la situación de cada barrio y de cada vecino en particular. Así, algunos ceden el espacio para que organizaciones o simplemente gente solidaria pueda cocinar. “Yo cocino tres días y el resto de la semana viene una chica con viandas a repartir”, cuenta María.
Lo mismo sucede en Los corazones de Beatriz, donde cada jueves, una persona particular concurre a repartir leche. “Vienen más de 100 personas con su botella o jarra para llevarse leche y algo para comer y pasar la tarde”, señala Beatriz.
“Damos comida tres veces a la semana pero hay veces que no sabemos qué hacer, es desesperante porque capaz hoy cocinamos pero mañana no sabemos si vamos a tener algo para preparar”, expresa la mujer desde su merendero en el barrio Nahuel Hue.
Todos los merenderos se adaptaron a la pandemia y ahora reparten las viandas que antes solían compartir en los comedores. (Foto: Marcelo Martínez)
La misma situación atraviesan todos los espacios de ayuda comunitaria. “No solemos recibir muchas donaciones, es casi todo a pulmón, esfuerzo propio. Yo las pasé y por eso sé lo que es sentir necesidad”, remarca Julieta. Hormiguitas está ubicado en José Luckman y Dos Islas y allí, en su casa, llegó a entregar 152 viandas en un día. “Hacemos muchos guisos y comidas así, porque al tener tanta demanda, no podemos preparar otras cosas, aunque me encantaría”, sostiene.
Julieta además tiene la dificultad de no tener movilidad propia, por lo que cualquier ayuda que reciba, debe ser en su domicilio, aunque “hay grupos que nos dan una mano como Cocineros Bariloche o Manos Solidarias y a veces ellos se hacen cargo de buscar las donaciones”, dice.
Los vecinos concurren con sus recipientes a buscar el plato de comida diario. (Foto: Marcelo Martínez)
Hace casi ocho años, José “Pichi” Arpires inauguró la biblioteca Néstor Kirchner en el barrio Nahuel Hue. Allí, además de las clásicas funciones de una biblioteca, se brinda ayuda social a muchos vecinos. Actualmente, cada miércoles, reparten las tareas a los niños y jóvenes del barrio que no tengan acceso a una computadora o impresora, para que puedan avanzar en la educación que desde hace casi 3 meses, se volvió virtual. “Llevamos más de 2 mil impresiones entregadas ya”, afirma.
“Pichi” además, vive en el barrio hace 19 años. Vio las crisis que golpearon a la ciudad de cerca, pero sostiene que “esta es la peor”. La falta de trabajo y recursos, la desocupación, y la necesidad están haciendo estragos en los barrios más vulnerables. “Se ve todo muy complicado. No se sabe hasta cuándo va a durar y eso es lo más difícil”, dice y añade que “muchos vecinos no toman conciencia del virus y las consecuencias. Nos dan un cachito de libertad y salimos todos desesperados”, analiza.
En la biblioteca además, se entregan viandas también. Distintos grupos, iglesias y vecinos, concurren a cocinar determinado día de la semana. “Se están entregando 500 porciones de comida los martes y viernes que lo hace un grupo solidario y la iglesia Avivamiento hace 350 porciones los sábados que se reparten entre el Nahuel Hue y el 29 de Septiembre”, relata.
Ante la llegada del invierno, muchos vecinos también buscan ropa de abrigo y calzado para sobrellevar el frío.(Foto: Marcelo Martínez)
“Empezó a venir gente que nunca había ido a un comedor o merendero, gente que se quedó sin trabajo de golpe, que quizás hacía changas y ahora no tiene un peso para comprar comida”, explica la mujer que hace 11 años abrió en su casa el espacio Copa de leche y que se convirtió en una referente de su barrio. “Me gustaría que el municipio aparezca, se hace muy pesado intentar ayudar si no hay un apoyo por más mínimo que sea”, sostiene María.
La Municipalidad articula la ayuda social desde los Centros de Atención y Articulación Territorial (CAAT). Desde estos espacios se organiza la entrega de módulos alimentarios, leña del Plan Calor, garrafas sociales y distintos tipos de asistencia que puedan brindar a los vecinos.
Muchos módulos son entregados directamente en los comedores con una organización conjunta. “Los miércoles entregamos las bolsas con comida para evitar que se junte toda la gente en el CAAT o en la casa de Virginia Gualmes (presidenta de la junta vecinal del barrio Nahuel Hue)”, indica Julieta.
En los merenderos, también se reparten módulos de alimentos entregados por el municipio. (Foto: Marcelo Martínez)
Lo mismo sucede en otros puntos solidarios. “Conocemos a la gente y ellos nos conocen a nosotros”, sostuvo Beatriz. Con una lista y rotación semanal, se intenta hacer llegar la comida a todos y de manera equitativa. “Cuando empezó la cuarentena nos mandaban 25 módulos para que podamos entregarle a los vecinos, pero ahora son 15 y la verdad es que cada vez alcanza menos”, añade.
La falta de trabajo y la imposibilidad de salir a hacer “changas” como solían hacer muchos vecinos hasta el 19 de marzo, día previo al comienzo de la cuarentena obligatoria, no son los únicos agravantes de la situación. El cierre de escuelas, espacio donde muchos niños y niñas de los barrios desayunaban, almorzaban o merendaban, también influyó en el impresionante y triste aumento de personas que ahora buscan comida en comedores.
“Sé de muchas personas que están yendo al basurero a buscar comida, es muy triste todo lo que está pasando”, manifiesta María y añade que “esto no es un espacio político, ayudo porque quiero hacerlo, no cobro un peso por nada y hay mucha gente que nos dona cosas pero eso debería hacerlo el Estado”.
Muchas de las personas que concurren en cuarentena a los merenderos lo hacen por primera vez en su vida. (Foto: Marcelo Martínez)
En los merenderos además, intentan ayudar a quienes necesitan ropa de abrigo, calzado u algún elemento hogareño. “Viene mucha gente a pedirme camperas, zapatillas, personas que duermen en el piso capaz y no tienen nada. Hay una mamá que me pidió frazadas porque su nena pasaba frío a la noche. Es muy duro todo”, dice Beatriz.
“Mientras tenga con qué, voy a ayudar. La gente se merece comer y comer bien”, remarca María. En este sentido, Julieta también afirma que “muchos piensan que la gente pide porque quiere, que con un subsidio o ayuda del Estado hacen de todo, y nada que ver, es muy difícil no tener ni para la leña”.
En todos los espacios solidarios hay preocupación por el aumento de la pobreza. (Foto: Marcelo Martínez)
En este sentido, “Pichi” también señala la dificultad de atravesar el invierno en los barrios donde una enorme cantidad de vecinos no tiene gas natural. “El municipio entrega el Plan Calor pero es algo mínimo”, explica. Los vecinos informan que actualmente el metro de leña cuesta 1500 pesos y “si lo cuidas, dura una semana, pero ahora la gente está todo el día en la casa, para hacer rendir la leña tienen que pasar frío”, dice.
Los merenderos y espacios sociales de los barrios siempre fueron testigo de las necesidades de los vecinos. Ahora no es la excepción. Cada día se suman nuevas personas que quizás, nunca habían tenido que recurrir a ayuda solidaria porque al menos tenían para comer. La falta de trabajo, los despidos, la situación de miles de trabajadores temporarios para los que no habrá invierno exitoso, crecen sin importar las nuevas fases del aislamiento social, preventivo y obligatorio. (ANB)
Para colaborar con los espacios:
Julieta merendero Hormiguitas: 2944 911200
María merendero Copa de leche: 2944 503082
Beatriz merendero Los corazones de Beatriz: 2944 208603
Agenda Cultural
Guía Gourmet
Turismo

Inicio