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La crisis que agravó la pandemia hizo que muchas personas comenzaran con muestras solidarias hacia quienes más lo necesitan. Tal es el caso de Maricel, Gabriela, Johana y Daniela que decidieron darle una mano a sus vecinos del barrio El Vivero.
“Al principio yo traía algunas cosas de mi casa, verduras, fideos o cosas así”, cuenta Maricel mientras revuelve una olla en un pequeño cuarto de la casa de su madre, que cedió el espacio para que pudieran cocinar tres veces a la semana: miércoles y sábados entregan viandas y los viernes, la merienda para los niños.
Mientras, en el comedor, las mujeres pican cebolla, cortan zanahorias y trozan las alas de pollo que les donaron. Lamentablemente, a veces no pueden entregar la comida por falta de donaciones sumado a que la demanda aumenta cada vez más.
Las mujeres comienzan a cocinar temprano para tener la comida lista al mediodía. (Foto: Marcelo Martínez)
“Empezamos entregando unas 80 porciones, pero ahora son 220, 230 a veces”, explica Johana. Las mujeres, parte de una misma familia, decidieron poner manos a la obra cuando comenzó la cuarentena porque sabían que había gente en el barrio que no lo estaba pasando bien. La imposibilidad de salir de las viviendas y la falta de trabajo hicieron que la necesidad fuera en aumento.
En un principio comenzaron la labor solidaria en conjunto con la organización conocida como “la olla ambulante”, pero Maricel cuenta que, por algunas diferencias, decidieron continuar de forma separada. Los alimentos que reciben son donaciones de vecinos, “el pastor Rogel nos ayuda muchísimo y Gastón, un vecino, siempre nos trae cosas para que podamos cocinar”, cuentan.
Algunos vecinos acercan verduras y carne para que puedan cocinar dos veces a la semana. (Foto: Marcelo Martínez)
La situación es complicada también a la hora de pedir alimentos, verduras, carne. “Ya hay muchos comedores y la mayoría de los comercios ya ayuda a alguno, así que lo que solemos recibir es más que nada de vecinos particulares”, cuentan.
En el barrio hay un centro comunitario, pero en pésimas condiciones, por lo que no se puede utilizar. El lugar fue objeto de numerosos robos en los que se llevaron hasta el inodoro. No cuenta con cocina ni ventanas. “Sería buenísimo si pudieran arreglarlo y nos organizáramos para cocinar ahí”, dicen las mujeres.
Entregan unas 230 porciones cada vez que cocinan. (Foto: Marcelo Martínez)
Mientras tanto, utilizan la vivienda, ubicada justo en frente del salón del barrio. En el comedor preparan todo y luego cocinan en un cuarto separado. Allí tienen un anafe y tres grandes ollas, todo prestado. “Si pudiéramos conseguir otro anafe o una cocina, sería buenísimo”, remarcan. Es que el que usan ahora no funciona del todo bien y cocinar se hace un proceso lento.
Las garrafas las compran ellas. “A veces, si usamos la cocina de mi mamá, le ayudamos a pagar el gas después, porque si no se le complica a ella después”, relata Maricel. La ayuda que brindan es “a pulmón”, remarcan y añaden que quisieran continuar con la tarea mientras les sea posible.
La idea surgió en medio de la pandemia, debido a la difícil situación de muchos vecinos del barrio. (Foto: Marcelo Martínez)
“A veces tenemos solo leche para entregar en la merienda porque no conseguimos pan ni facturas, pero los nenes siempre se van contentos con lo que sea que les des”, expresan. Para el Día del Niño también se esforzaron para hacer llegar un obsequio a los más pequeños gracias a la solidaridad de vecinos que aportaron golosinas y algo rico para que pudieran disfrutar.
Las mujeres remarcaron que hasta el momento intentaron no pedir donaciones de manera pública, pero que, a más de cinco meses de empezar con su trabajo solidario, no les queda opción si la intención es continuar ayudando a quienes más lo necesitan. “Nos pone muy felices poder ayudar”, finalizaron.(ANB)
*Por colaboraciones comunicarse con Maricel: 2944 368173.
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