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Veinte años después, vuelven a lotear el Anfiteatro del Limay

 La historia se repite con los mismos protagonistas. En 2007, un proyecto de loteo en el Anfiteatro del río Limay fue rechazado por la Provincia de Río Negro tras detectarse irregularidades, luego de la intervención de vecinos organizados y la Comunidad del Limay. Casi dos décadas después, el avance sobre ese territorio vuelve a estar en marcha.

"El Anfiteatro del río Limay, un paisaje protegido, único e irreemplazable, está siendo fragmentado mediante fraccionamientos inmobiliarios, con lotes ya en venta, en abierta contradicción con su valor ambiental y paisajístico. No se trata de una mera sospecha: el proceso ya está en marcha. Hay inmobiliarias que tienen los lotes en venta", advierte Menna, quien junto a otras personas vuelve a organizarse para frenar lo que considera un ataque directo al territorio.

El Anfiteatro del Limay es reconocido como un área de alto valor paisajístico y ambiental. Su configuración geológica, la flora nativa y las visuales hacia el río conforman un conjunto que ha sido objeto de protección mediante normativas provinciales. Sin embargo, la comercialización de lotes en la zona avanza sin que exista información pública sobre los criterios técnicos, las autorizaciones otorgadas ni las evaluaciones de impacto realizadas, según relata Menna.

Frente a esta situación, ciudadanos y organizaciones presentaron un pedido formal de informe y acceso al expediente ante la Secretaría de Ambiente y Cambio Climático de Río Negro. El documento, al que accedió Bache3000, solicita conocer en detalle quién autorizó el fraccionamiento, bajo qué criterios se evaluó el impacto ambiental, qué informes técnicos respaldan la decisión y si se realizó consulta pública o participación ciudadana en el proceso.

El pedido enumera una serie de interrogantes concretos: ¿se realizó una Evaluación de Impacto Ambiental? ¿Qué organismos intervinieron en la autorización? ¿Se consideró la fragilidad del ecosistema y el riesgo de erosión? ¿Existen restricciones sobre el uso del suelo en el área? ¿Se tuvo en cuenta el precedente de 2007, cuando un proyecto similar fue rechazado por irregularidades? ¿Cuál es el estado actual del expediente y qué pasos faltan para completar el proceso de aprobación?

"Cómo siempre, se manejó todo con la más absoluta opacidad", señala Menna en su denuncia pública. La falta de información oficial y la ausencia de instancias de participación ciudadana han generado alarma entre quienes defienden la conservación del área.

Para la referente ambientalista, no se trata de un conflicto administrativo ni de un debate técnico. "Estamos ante una decisión política que privilegia el 'derecho' de un privado sobre el derecho colectivo de un pueblo a conservar un paisaje natural protegido, único e irrepetible", sostiene.

La postura de los vecinos organizados es categórica respecto de la fragilidad del territorio. "En un paisaje como el Anfiteatro del Limay, cualquier intervención es irreversible. No hay 'impacto mínimo' posible. El Anfiteatro no admite negociaciones ni compensaciones. O se lo protege integralmente, o se lo pierde para siempre", advierte Menna.

El caso reabre un capítulo que muchos en Bariloche consideraban cerrado. El rechazo provincial de 2007 había sentado un precedente claro sobre la incompatibilidad entre el desarrollo inmobiliario y la protección de ese paisaje singular. La reaparición del proyecto, con los mismos intereses en juego, plantea interrogantes sobre los mecanismos de control ambiental y sobre el peso que tienen las decisiones políticas frente a la preservación del patrimonio natural.

La Comunidad del Limay surgió en los años noventa como respuesta al avance de proyectos que amenazaban el río y su entorno. El Abrazo al Limay de 1995 se convirtió en un símbolo de la defensa territorial en la región. Ahora, esa misma organización vuelve a movilizarse, junto a nuevos vecinos, para evitar que el Anfiteatro sea transformado en un barrio privado.

Las imágenes difundidas por los vecinos muestran el contraste entre el paisaje actual y una proyección realizada con inteligencia artificial de cómo podría quedar el área si el loteo se concreta. La diferencia es elocuente: de un anfiteatro natural de roca y vegetación nativa a una urbanización con construcciones que alteran irreversiblemente la fisonomía del lugar.

El pedido de informe ahora está en manos de la Secretaría de Ambiente y Cambio Climático. Los vecinos esperan respuestas concretas y acceso completo al expediente. Mientras tanto, la comercialización de lotes continúa, y el tiempo para actuar se acorta.

"Tenemos el derecho a saber quién autorizó, bajo qué criterios y con qué evaluaciones un avance que compromete un área natural protegida", insiste Menna. La defensa del Anfiteatro del Limay vuelve a poner en tensión dos modelos: el que prioriza el negocio inmobiliario y el que defiende la conservación del territorio como un bien común, irreemplazable y no negociable.


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