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Bariloche, viernes 06, febrero 2026
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Vuelos en parapente, otra forma de disfrutar Bariloche

 Bariloche se caracteriza por ser una ciudad que ofrece un sinfín de actividades, para todos los gustos, aunque en el último tiempo, el deporte aventura cobró especial relevancia y cada vez, son más las personas que eligen vivir experiencias nuevas.

Como parte de este abanico, los vuelos en parapente se convirtieron en una de las opciones más buscadas, pero no solo por turistas, sino también por residentes que buscan regalar algo original, o disfrutar de una actividad que en la mayoría de los casos, nunca practicaron.

Volar por los cielos barilochenses ofrece una perspectiva diferente, una mezcla de sensaciones y adrenalina seguramente para las personas que sufren vértigo o miedo a la altura, aunque, los expertos en estos vuelos aseguran que el temor es mucho menor al que se puede sentir al pararse cerca de un precipicio.

Bariloche cuenta con tres emprendimientos de parapentes con habilitación municipal, lo que implica también, un seguro para quienes deseen realizar la actividad. Los pilotos trabajan durante todo el año, siempre y cuando, el viento lo permita.

“La temporada viene al 100%, tenemos millones de consultas, mucha gente que quiere volar, lo que no nos ayuda es el clima”, indicó a ANB Hernán Di Lorenzo, de Parapente Bariloche. El hombre explicó que para poder hacer un vuelo en biplaza de manera segura, se necesita que el viento no supere los 20 o 22 kilómetros por hora, y las jornadas de enero, han sido en su mayoría ventosas.

Hernán se dedica a los vuelos biplaza como se llama a aquellos en los que viaja el piloto junto a la persona que contrate el servicio, hace unos seis años y confirmó que en los últimos años, el interés por la actividad, creció notablemente.

Opciones de vuelo hay varias, aunque la más utilizada es la que despega desde el cerro Otto y termina en el predio del teleférico, en el kilómetro 5 de avenida Pioneros. “Nos encontramos en el predio con el cliente y desde allí, ascendemos al Otto en remise. Despegamos, volamos y aterrizamos en el mismo lugar”, manifestó Hernán.

Otra de las opciones para volar, es el cerro Catedral, aunque demanda mucho más tiempo y una caminata junto a los clientes, que ronda las dos horas cargando el equipo, por lo que no es la más práctica a la hora de programar una actividad que no requiera todo el día.

Por otro lado, se ofrece también la posibilidad de volar en El Bolsón, aunque esta opción requiere que haya más de una persona interesada y que se disponga del tiempo necesario para el viaje. En la vecina localidad, el vuelo sale desde el cerro Piltriquitrón.

Ernesto Gutiérrez es otro de los reconocidos pilotos que tiene Bariloche. Se dedica a los vuelos biplaza hace 27 años, lo que lo convierte en un experto en la materia. “Es una opción muy buscada por residentes ya que se usa mucho como regalo. Hemos volado con niños chicos de 7 años hasta con gente de 80”, contó.

Quienes tienen temor a las alturas, quizás lo descartan de plano, ya que se puede llegar a volar a unos 2 mil metros sobre el nivel del mar. “La altura permitida son 600 metros por encima del relieve”, detalló Hernán, aunque remarcó que se toma altura de forma gradual.

“Se ofrece una experiencia única: todos los vuelos son distintos, dependiendo de la época del año, del día, d la luz y también de la gente”, explicó Ernesto y agregó que “son vuelos muy tranquilos. No hay una referencia vertical que puede haber si te asomás a un precipicio, lo que lo hace muy placentero”.

Incluso, hay quienes se animan a los vuelos en parapente como casi una terapia de shock. “Hay gente que decide contratar el servicio porque no quiere que un miedo los paralice y es una doble satisfacción: la experiencia y la superación personal”, añadió Hernán.

Los vuelos en parapente, este verano, rondan entre los 32 y 36 mil pesos. El precio incluye el remise que los traslada hasta el lugar de despegue y también, las fotos y videos que se toman durante el vuelo, que puede durar entre 10 y 30 minutos.

Durante el vuelo, “no se llevan los pies apoyados y necesitamos girar para tomar altura, por lo que el cuerpo manda advertencias y suele pasar que después de los 20 minutos se empiezan a descomponer”, contó Hernán, aunque añadió que la mayoría de las personas, aterriza sin haber llegado a ese punto.

Para turistas o residentes, la opción de volar en parapente puede ser una experiencia inolvidable, que además, llevará a ver una parte de la ciudad, desde una perspectiva que solo esta actividad puede brindarnos.


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