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El mapa del universo.

El mapa del universo.





Cuchame.

Te pido un favor.

Tené cuidado con quien odies.

Pensalo.

El odio es una fijación.

Es agarrar a algo o alguien y no dejarlo ir.

Mirá, hacé esto.

Pensá en alguien que odies.

Dale, no te hagas el Gandhi.

Tenés mugre entre las tripas.

A alguien odiás o alguna vez odiaste.

Y por un tiempo.

Un tiempo largo.

Podés estar años odiando, insultando, retorciendo el nombre de otro con espuma en tu boca.

Podés estar años haciéndolo.

Eso es el odio.

Es no dejar ir.

Es agarrar por el cuello y escupir y gritar y gritar por demasiado tiempo.

¿Por qué?

¿Por qué no lo dejás ir?

Decime.

Decímelo.

¿Qué pensás que realmente te hace quedar ahí, con tu mano sobre su garganta, gritando y gritando y gritando y gritando y gritando?

El amor.

El amor te hace odiar.

El amor te impide dejar ir.

Te hace aferrarte.

Por demasiado tiempo.

Por que el amor busca unir.

Busca unirte.

Y, si no puede, te hace volver, una y otra y otra vez.

A alguien o a algo o a lo que sea.

Con lo que no pudiste unir.

Quizá por miedo.

Quizá porque vos amabas pero a vos no te amaban.

Quizá porque no había amor para dar.

Quizá por el preciso motivo que viviste vos y que te dio a luz un odio que ocultás de todos, hasta de vos.

Por eso odiás.

Porque amás.

El amor es la única forma de unión que existe.

El universo existe por el amor.

Esa danza entre el dar y el recibir.

Respirar y exhalar.

Nos unimos para juntos poder.

Nos unimos para dar a luz ideas y vida y armonía.

Ese es el mapa del universo.

Y sé lo que estás pensando ahora.

Pero porfa metele pausa y mejor pensá en una leona.

Una leona.

Imaginala.

Una leona corriendo.

En África.

Bajo el sol.

Hace calor.

Hace mucho calor.

Podés oler a la tierra desprendiéndose con cada garrotazo que le encaja al suelo.

Podés escuchar a su respiración agitada.

Sentir a su corazón agitado.

La leona corre, una y otra y otra vez tras la zebra.

Porque todo muy lindo lo que dije que el mapa del universo era el amor, dar y recibir, inhalar y exhalar, pero también tenés que morfar.

Por eso corre la leona ahora.

Bajo el sol.

Tiene que vivir y eso significa que esa zebra tiene que morir.

Una y otra y otra y otra vez la leona corrió tras una zebra.

Con sus ojos fijos en el culo de la zebra.

Observando.

Aprendiendo.

Mejorando.

¿La leona odia a la zebra? ¿La ama?

No tengo la más puta idea.

Es una leona en África.

Y yo soy un gordo barbudo de Lanús.

De Lanús Este, que tiene un toque de jungla.

No como los de Lanús Oeste que son todos chetos.

Así y todo no puedo pretender entender a la leona y decirte si ama o si odia a la zebra.

Como mucho puedo intentar entender por qué amamos y por qué odiamos nosotros.

Y te digo algo.

Para mí, es por la misma cosa.

Es por el amor.

El mapa del universo es el amor.

Si llegamos a morderle o no el culo a la zebra que perseguimos después de tanto, si no nos amaron, si tuvimos miedo de amar, si nos lastimaron, nos asustaron, sea lo que sea, que haya o no odio depende de nosotros.

Se lo ponemos nosotros.

Por eso no dejamos ir.

Es el amor buscando una y otra y otra vez conectar.

A través de una herida.

Donde no hay nada con qué conectar.

Nosotros ponemos el ancla.

Nos hundimos de vuelta en la herida.

Y duele.

Y está bien.

Hay gente muy hija de puta.

¿Quién soy yo para decirle a alguien que no odie?

No puedo conectar con la leona en África y no puedo conectar con las personas que ahora mismo están atrapas en contra de su voluntad.

¿Quién soy yo para decirles que no odien?

Es su manera de lamer la herida.

Sólo puedo decir, una y otra vez, como un mantra, como un recordatorio, como una propuesta, que el mapa del universo es el amor.

Eso es lo único que puedo.

Eso y pedirte un favor.

Tené cuidado con quien odies.

Porque ahí no hay amor.

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